HopeLessboy
no woman came to save me
★
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- Oct 3, 2025
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A ti, Chad, también conocido como el “hombre alfa”, perteneciente al veinte por ciento de los hombres más deseables para las mujeres.
A ti, que estás escuchando esto, sí, a ti, que la lotería genética ha favorecido desde el nacimiento.
A ti, que considera imposible que existan hombres que sigan siendo vírgenes después de los 25 o 30 años.
Tú ya nos ganaste la partida, a mí y al resto de los hombres del 80%. Desde que naciste, la vida te suena en lo referente a las relaciones con el sexo opuesto. Siempre ha tenido amigas, novias y compañía femenina sin ningún esfuerzo. Jamás tuviste que rebajarte ni hacer sacrificios para conseguir atención o cariño, como muchos otros hombres que deben partirse la espalda y rebajarse solo para ser considerados, aunque sea, como amigos.
Tú nunca fuiste “el chico de los favores”, aquel que ayuda con el electrodoméstico roto, cambia las lámparas o instala un programa gratis. No. Tú no necesitas hacer nada de eso, porque ya naciste con ventaja. La naturaleza te trajo a este mundo con la misión de reproducirte y perpetuar tus genes. Te concedió ese rol, así como le concedió al sexo opuesto el impulso biológico de desear hombres con buena carga genética, como tú, y de desechar a los que no la tienen.
Por eso, disfrutas de una juventud llena de sexo gratuito y de buena calidad. Desde tu adolescencia, las oportunidades se te presentan sin buscarlas, incluso si eres pasivo o introvertido. Esos consejos que nos dan a los del 80% —“sal de casa”, “sé sociable”, “haz amigos”— no se aplican para ti. Puedes ser el más callado o aburrido, y aun así ellas se acercarán, te buscarán, te encontrarán misterioso y atractivo.
Si eres extrovertido y hablas mucho, te consideras seguro de ti mismo. Si te gustan los videojuegos, ellas jugarán contigo, incluso si eres un mal jugador. En cambio, si un hombre “beta” hace lo mismo, lo tildan de virgen, perdedor, otaku o mantenido. Todo lo que tú haces es visto con admiración; Todo lo que nosotros hacemos, con desprecio.
Por eso, disfruta, Chad. Disfrute de su posición privilegiada. Disfruta que nunca te pondrán en la “zona de amigos”, que siempre estarán disponibles para ti, que te escribirán primero, que te buscarán. Disfruta no tener que gastar dinero en regalos ni chocolates, porque tú ya cuentas con su validación desde el colegio, mientras muchos otros solo recibimos indiferencia.
Disfruta que ellas se te entregan en sus mejores años, mientras los demás solo alcanzamos sus sobras cuando ya han envejecido o se han “bajado del carrusel”. Disfruta que jamás te pondrán excusas para acostarse contigo, que no te verán como un ciudadano de segunda categoría, ni te harán denuncias falsas, porque todo contigo es consentimiento. Disfruta, porque incluso el feminismo baja la cabeza ante hombres como tú.
Disfruta no tener que comprar amor ni favores. Ellas te desean por tu aspecto, no por tu dinero. Todo lo que haces les resulta interesante, todo lo que dices les atrae. Disfruta que puedes gastar tu dinero solo en ti mismo, mientras otros lo gastan intentando agradar.
Tú sabes, Chad, que incluso cuando ellas intentan parecer puras o inocentes, no lo son. Se cuidan la imagen, para que luego puedan “sentar cabeza” con alguna beta que las acepten después de su recorrido. Y esos betas, a menudo, son los mismos chicos a quienes tú hiciste bullying en el colegio, los que hoy comen tus sobras.
Sin embargo, no te burles de ellos. No tienen la culpa de haber creído que las chicas eran tan inocentes como ellas a los quince años. Si puedes, ayúdalos a ver la realidad. Enséñales que no fue su culpa, sino el resultado de la naturaleza.
Y tú, Chad, también aprende a dejar la arrogancia. Reconoce que simplemente tuviste suerte en la lotería genética. No eres mejor que los demás por ello. No confundas atracción biológica con amor, porque ellas no te aman. No están diseñados para eso. Solo siguen sus impulsos reproductivos.
Disfruta en silencio de tu suerte, pero no olvides: ellas tampoco te aman. Solo desean lo que representa.
Gracias, Chad, por recordarme que la “nawalt” —esa mujer idealizada— no existe, ni existirá.
Y lo mejor que puedes hacer un sub5 como yo, es mandarlas al olvido
para siempre.
Hasta luego.
A ti, que estás escuchando esto, sí, a ti, que la lotería genética ha favorecido desde el nacimiento.
A ti, que considera imposible que existan hombres que sigan siendo vírgenes después de los 25 o 30 años.
Tú ya nos ganaste la partida, a mí y al resto de los hombres del 80%. Desde que naciste, la vida te suena en lo referente a las relaciones con el sexo opuesto. Siempre ha tenido amigas, novias y compañía femenina sin ningún esfuerzo. Jamás tuviste que rebajarte ni hacer sacrificios para conseguir atención o cariño, como muchos otros hombres que deben partirse la espalda y rebajarse solo para ser considerados, aunque sea, como amigos.
Tú nunca fuiste “el chico de los favores”, aquel que ayuda con el electrodoméstico roto, cambia las lámparas o instala un programa gratis. No. Tú no necesitas hacer nada de eso, porque ya naciste con ventaja. La naturaleza te trajo a este mundo con la misión de reproducirte y perpetuar tus genes. Te concedió ese rol, así como le concedió al sexo opuesto el impulso biológico de desear hombres con buena carga genética, como tú, y de desechar a los que no la tienen.
Por eso, disfrutas de una juventud llena de sexo gratuito y de buena calidad. Desde tu adolescencia, las oportunidades se te presentan sin buscarlas, incluso si eres pasivo o introvertido. Esos consejos que nos dan a los del 80% —“sal de casa”, “sé sociable”, “haz amigos”— no se aplican para ti. Puedes ser el más callado o aburrido, y aun así ellas se acercarán, te buscarán, te encontrarán misterioso y atractivo.
Si eres extrovertido y hablas mucho, te consideras seguro de ti mismo. Si te gustan los videojuegos, ellas jugarán contigo, incluso si eres un mal jugador. En cambio, si un hombre “beta” hace lo mismo, lo tildan de virgen, perdedor, otaku o mantenido. Todo lo que tú haces es visto con admiración; Todo lo que nosotros hacemos, con desprecio.
Por eso, disfruta, Chad. Disfrute de su posición privilegiada. Disfruta que nunca te pondrán en la “zona de amigos”, que siempre estarán disponibles para ti, que te escribirán primero, que te buscarán. Disfruta no tener que gastar dinero en regalos ni chocolates, porque tú ya cuentas con su validación desde el colegio, mientras muchos otros solo recibimos indiferencia.
Disfruta que ellas se te entregan en sus mejores años, mientras los demás solo alcanzamos sus sobras cuando ya han envejecido o se han “bajado del carrusel”. Disfruta que jamás te pondrán excusas para acostarse contigo, que no te verán como un ciudadano de segunda categoría, ni te harán denuncias falsas, porque todo contigo es consentimiento. Disfruta, porque incluso el feminismo baja la cabeza ante hombres como tú.
Disfruta no tener que comprar amor ni favores. Ellas te desean por tu aspecto, no por tu dinero. Todo lo que haces les resulta interesante, todo lo que dices les atrae. Disfruta que puedes gastar tu dinero solo en ti mismo, mientras otros lo gastan intentando agradar.
Tú sabes, Chad, que incluso cuando ellas intentan parecer puras o inocentes, no lo son. Se cuidan la imagen, para que luego puedan “sentar cabeza” con alguna beta que las acepten después de su recorrido. Y esos betas, a menudo, son los mismos chicos a quienes tú hiciste bullying en el colegio, los que hoy comen tus sobras.
Sin embargo, no te burles de ellos. No tienen la culpa de haber creído que las chicas eran tan inocentes como ellas a los quince años. Si puedes, ayúdalos a ver la realidad. Enséñales que no fue su culpa, sino el resultado de la naturaleza.
Y tú, Chad, también aprende a dejar la arrogancia. Reconoce que simplemente tuviste suerte en la lotería genética. No eres mejor que los demás por ello. No confundas atracción biológica con amor, porque ellas no te aman. No están diseñados para eso. Solo siguen sus impulsos reproductivos.
Disfruta en silencio de tu suerte, pero no olvides: ellas tampoco te aman. Solo desean lo que representa.
Gracias, Chad, por recordarme que la “nawalt” —esa mujer idealizada— no existe, ni existirá.
Y lo mejor que puedes hacer un sub5 como yo, es mandarlas al olvido
para siempre.
Hasta luego.
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